lunes, 17 de agosto de 2009

Nada más que la verdad del canal Caracol

Jorge Alfredo Vargas es el presentador de ‘Nada más que la verdad’.

“Con el programa le enseñamos a la gente a valorar la verdad, en nuestra sociedad la mentira se convirtió en una realidad aceptada”, dice vocero del canal. “Una vez más la miseria humana es convertida en show para generar audiencia”, asegura el crítico de televisión Germán Yances.

Desde que ‘Nada más que la verdad’ salió al aire, la noche del miércoles pasado, una lluvia de críticas, que no da señales de escampar, empezó a caer sobre el Canal Caracol.

Las confesiones que se han revelado en el programa levantan roncha entre un numeroso grupo de televidentes que considera que el espacio se vale de la necesidad y el pasado oscuro de sus participantes para generar audiencia.

Y Caracol no niega que anda de luna de miel con el ‘rating’. La curva durante estos cuatro días no ha bajado de los 39 puntos, cifra que tiene felices a sus directivos, pues ‘Café con aroma de mujer’ y ‘Yo soy Betty, la fea’ se convirtieron en verdaderos sucesos televisivos gracias a sus 42 puntos de audiencia.

Pese al escándalo, Cristina Palacio, vicepresidenta de Desarrollo de Caracol, subraya que el programa –creado por Howard Schultz, el mismo que de realitys como ‘Cambio extremo’– invita, sobre todo, a la reflexión.

“Le enseñamos a la gente a valorar la verdad, porque en nuestra sociedad la mentira se convirtió en una realidad aceptada. Lo que pasa es que la gente se fija más en las preguntas sexuales”.

Así lo cree también Germán González, participante del viernes pasado, quien para ganarse $50 millones, confesó, entre otras verdades, que había sostenido relaciones homosexuales y que consideraba que la marihuana le ayudaba a hacer mejor su trabajo.

Ajeno a los señalamientos, el caleño, padre de tres hijos, cree que valió la pena haber revelado su intimidad: “Voy a dar la cuota inicial de una casita y a comprarme un carrito; antes no tenía nada, estaba sin trabajo”.

González recalca que siempre supo a qué se iba a someter, “conté cosas que nadie estaría dispuesto a confesar, pero yo necesitaba la plata”.

Voces en contra. Otra es la mirada del crítico de televisión Germán Yances. Aunque aclara que el fenómeno no es nuevo, pues ese tipo de situaciones ya se habían vivido por cuenta de espacios como ‘Laura en América’ y el ‘Show de Cristina’, que tienen altísimos niveles de audiencia, considera que en ‘Nada más que la verdad’ las miserias humanas se ven convertidas, una vez más, en show.

“No se puede negar que como formato es innovador y que está bien producido. Tampoco que tiene un morbo que lo hace poderosamente seductor porque a los colombianos nos encanta comparar y criticar, decir ‘si yo fuera él no haría eso’”, sostiene el analista.

Pero es cuestionable, dice Yances, que no se genere una especie de espacio educativo o debate después de la participación de los concursantes, “pues, tal como está planteado, se asume que son aceptables las conductas que éstos dejan al descubierto”.

El gremio de los poligrafistas del país también sentó su protesta sobre la forma, según ellos errada, en que se utiliza el polígrafo para esta clase de concursos.

Para Carlos Baucher, directivo de la Asociación de Poligrafistas de Colombia, ‘Nada más que la verdad’ no sólo ha afectado la credibilidad de quienes se dedican a este oficio, sino que pasa por encima de una de las reglas de oro del gremio: no hacer preguntas sobre la intimidad de la persona.

“Ellos (Caracol) hablan del polígrafo del entretenimiento cuando eso no existe. La prueba del polígrafo, tal como se está presentando en ese programa, no es válida y quedan muchas dudas sobre qué tan verdaderas son las respuestas que dan los concursantes”, asegura Baucher.

En este sentido, Camilo Durán, vicepresidente del Canal Caracol, considera que los realizadores, desde que se planteó la idea de llevarlo a la pantalla chica, han sido cuidadosos en la correcta aplicación de esta herramienta. “Elegimos a un profesional que conocía muy bien el tema, Carlos Abondano. Creemos es que estamos haciendo lo correcto para garantizarle al público que las preguntas se están haciendo con el rigor del caso”.

Sin embargo, Abondano está siendo investigado por la Asociación Norteamericana de Poligrafistas, gremio que se encargará de certificar la correcta utilización del polígrafo en el programa.

Y aunque la polémica aún conmina voces de un lado y del otro, para Germán González la suya es una actuación que no debe ser tan cuestionada. “Hoy los actores y los artistas hacen lo que sea con tal de ganar fama y dinero en este medio, eso se ve a diario en la televisión”.

Para Cristina Palacio resulta positivo que a ‘Nada más que la verdad’ lleguen dos tipos de concursantes: “aquellos que creen que vale la pena ser honestos y otros que han cargado durante mucho tiempo con una mentira y quieren liberarse de ella y encuentran que el programa se convierte, entonces, en una buena alternativa”.

Los televidentes opinan sobre ‘Nada más que la verdad’

- “Me parece un programa divertido por la forma en que la gente se pone en evidencia. Creo que cualquiera en el lugar de los concursantes respondería igual.

Sandra Mejía, ejecutiva

- “Es malo y mentiroso, maneja una expectativa falsa porque como los concursantes ya conocen las preguntas les toca actuar, algo propio de los ‘realities’”.

Lorenzo Rodríguez, economista.

- “De todos los ‘realities’ que se transmiten en Colombia es el más malo. Es como un show de Laura Bozzo donde a los participantes les dicen qué cara deben hacer”.

Greta Sandoval, estudiante.

En sus propias palabras

"Yo sabía las consecuencias que me traería decir la verdad en el programa, pero esa es la enseñanza que hay que dejarle a los hijos. Lo que no me gusta es que la gente piense que lo que revelé hace parte de mi presente".

"Mis secretos no perjudican a nadie, por cuenta de ellos no hay muertos ni nadie irá a parar a la cárcel, simplemente son pecadillos que hice cuando era joven".

Germán González, participante de ‘Nada más que la verdad’.

Fuente: El País de Cali

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